sábado, 10 de octubre de 2015

Mensajes para un gran amor CAPITULO 5 ( tercera parte)



CAPITULO 5
Pecados eternos
(tercera parte) 


Enseguida notó que Molinari no escribía todos los días. Posiblemente cuando quería o necesitaba, expresar un hecho importante para él o plasmar alguna reflexión acudía a su diario. Una manera confidencial de registrar sus  verdaderos sentimientos.
La religiosa  leyó   las primeras hojas. Figuraba todo  lo que Molinari sentía por su familia:
 No amaba a su esposa, la consideraba una tonta y una molestia. Deseaba con desesperación tener un hijo varón, pero quería a sus dos hijas.  Admiraba la inteligencia de Ester, estaban escritos varios elogios a su niña precoz y  sus intenciones eran  educarla en los mejores colegios de Europa.
El nacimiento de Dalila estaba mencionado como una desilusión, realmente esperaba que naciera un hijo varón. Dios le había enviado otra niña; que no era tan obediente como su hermana mayor.  Reconocía en ella su mismo carácter. Había heredado la testarudez de su padre.

 Sor Inés lo observaba en las siguientes líneas:

“...Dalila es pequeña, pero ya sabe bien lo que quiere, no sede hasta que lo consigue. Se parece mucho a mí.  Su hermana en cambio, trata de complacer y agradar a todo el mundo  no duda en renunciar a alguna cosa, con tal de ser considerada la más  educada... Ester es una pequeña dama de sociedad...”

Suspendió la lectura en la parte donde mencionaba a una mujer que lo atraía. Sin ningún pudor, el padre de Ester, escribió en su diario la fascinación que sentía por la esposa de un amigo. Don Benito declaraba con gran convicción que no le costaría mucho esfuerzo conquistarla.
La religiosa se persignó. Guardó el diario en un lugar seguro. Tal como, ella, lo había presentido don Benito mencionaba a sus amantes. Era solo cuestión de continuar la lectura, para saber si la abuela de Teresa era una hija ilegitima.
Sor Inés, conforme con su accionar  abandonó su habitación para dedicarse a sus tareas matutinas.



Víctor escondió las cartas en el único ropero de su cuarto que podía cerrarse con llave. Sabía bien lo que tenía  que hacer: buscar datos sobre el hombre que las había escrito y a averiguar sobre sus actividades; de su vida en el pueblo, y  de cuanto tiempo vivió en la localidad. Como estaba vinculado con don Benito; a que se dedicaba, y adónde se había ido ¿Por qué no había regresado jamás? ¿Quién era realmente Lucio Bravo? No era el hombre construido con  esas palabras empalagosas que decía Ester sobre él. Esa imagen de príncipe azul estaba seguramente inflada por la mente senil de la mujer. ¿Quizás Lucio y Benito estuvieron enfrentados por causa de Ester? Si era mayor que ella, posiblemente estaría muerto hacia años pero, ¿en que lugar habría terminado?
Rastrear los pasos de Lucio Baltasar Bravo, tal vez, sería la forma apropiada de llegar hasta las estafas del viejo Molinari.
¿Fue Lucio un compañero participe en sus negocios sucios? Un  amigo de la familia que se acostaba con su hija; un cómplice lleno de ambición ¿Esa clase de hombre era el príncipe azul de Ester?
Entre las fotos guardadas en la oficina encontraría alguna de Lucio Bravo. También podría averiguar la fecha y lugar de su fallecimiento fácilmente. Los negociados realizados por los dos socios, sería  más difícil.
 La enorme fortuna Molinari se forjó porque, Benito, solía arriesgar el pellejo de otros. Y siempre supo cubrir sus propias espaldas. El joven profesor además, debía buscar entre los papeles del dueño de la mansión un apellido en especial,  de esa manera empezaría atar algunos cabos que le interesaban.
Tuvo Benito Molinari otro socio y gran amigo personal. Un socio que no se vio beneficiado por los proyectos empresariales de Molinari. Ese socio fue: Alfredo Valente, el abuelo de Víctor.
 Su abuelo resultó engañado, terminó sin un centavo y sumido en la vergüenza. Los Valente de San Onofre, de un día para otro, perdieron todo lo que poseían. Víctor, no esperaba recuperar nada de lo que perteneció a su abuelo. Incluso probando que su familia fue victima de un maniobra fraudulenta de parte de Benito Molinari, había pasado demasiado tiempo, para recuperar las tierras embargadas.
Escribir el libro sobre la verdadera cara del benefactor del pueblo sería una leve venganza. Venganza dedicada a su abuelo. Los pecados carnales de Ester ofrecían acceso a la intimidad de los Molinari. Víctor estaba convencido que varios pecados más existían. Pecados que lo ayudarían a ensuciar la inmaculada memoria de don Benito.





Continuará...




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